domingo, 1 de octubre de 2017

Del templo de Apolo a la Iniciación

A\L\G\D\G\A\D\U\
S\F\U


 DEL TEMPLO DE APOLO A LA
INICIACION MASONICA
                                  
Compilación y Edición
M\M\ René A. Thomas R.
Resp. Logia « Sol de Curpa » N° 112
Acarigua – Edo. Portuguesa



"CONÓCETE A TI MISMO "
Anónimo???

Ante todo debemos empezar por definir la palabra o vocablo Filosofía” y tenemos que es un término derivado del griego, que significa amor por la sabiduría”. Esta definición clásica convierte a la filosofía en una tensión que nunca concluye, en una búsqueda sin término del verdadero conocimiento de la realidad.
Es factible sin embargo, ofrecer una descripción de la filosofía como “el saber racional totalizante, crítico de segundo grado”. Otra noción de filosofía puede ser: “conjunto de reflexiones sobre la esencia, las propiedades, las causas y los efectos de las cosas naturales, especialmente sobre el hombre y el universo”, o también “sistema filosófico o conjunto sistemático de los razonamientos expuestos por un pensador”
De acuerdo a lo anterior, la filosofía es una forma de conocimiento que pretende ofrecer explicaciones de los temas que analiza empleando la razón y los argumentos racionales (a diferencia de la fe o de la autoridad).
En segundo lugar, la filosofía es un saber de tipo general y totalizante, pues pretende ofrecer respuesta a cuestiones de tipo general y mantiene siempre una perspectiva totalizante sobre las mismas. En tercer lugar, la filosofía es un saber crítico, pues analiza los fundamentos de todo lo que considera y nunca se limita a aceptarlos de forma ingenua. Finalmente, la filosofía es un saber de segundo grado, que emplea los datos y contribuciones de las ciencias, que son siempre un conocimiento de primer grado sobre la realidad.
Es factible además estudiar algunas de las ramas de la filosofía en las que es posible distinguir varias áreas como la ontología y la metafísica (análisis crítico de la estructura de la realidad); la teoría del conocimiento, epistemología o gnoseología (análisis del origen, estructura y alcance del conocimiento); la lógica (estudio del razonamiento o argumento válido); la ética (teoría de la acción humana y de sus valores); la estética (teoría de la belleza y del arte); y, por supuesto, la historia de la filosofía, en cuanto ésta no se limita a una exposición de las distintas doctrinas filosóficas, sino que pretende reconstruir críticamente determinadas argumentaciones o sistemas filosóficos.
Cabe señalar, asimismo, la existencia de una variedad de análisis filosóficos de determinadas ramas de la ciencia o de la actividad humana, que constituyen áreas especializadas como son la filosofía de la historia, la filosofía de la ciencia, la filosofía del derecho o la filosofía de las ciencias sociales, entre otras.
La Filosofía Antigua se origina en el esplendor del mundo grecorromano. Aparece formalmente en la Grecia del siglo VI a.C. y se extiende hasta la decadencia del Imperio Romano en el siglo IV de nuestra era. Es una filosofía que abarca una gran variedad de tesis y argumentaciones, cuyo intento principal fue tratar de encontrar el fundamento último de todas las cosas. A través de un lenguaje crítico y reflexivo los filósofos de este periodo lograron trascender entre las cosmovisiones y mitologías que imperaban en su época.
A partir de todo lo anterior, se puede afirmar que el proyecto de aprendizaje de la Filosofía Antigua pretende brindar al estudiante los conocimientos primordiales sobre ese pensamiento primigenio, mediante la revisión de los autores más representativos de la época. Por ello a lo largo del curso se analiza el pensamiento de diversos autores clásicos, así como el contexto socio-histórico en que desarrollaron sus ideas, lo que permitirá comprender el inicio formal de la filosofía en occidente.
FILOSOFIA ANTIGUA.
Durante miles de años los hombres explicaban la utilidad del mundo exclusivamente en términos religiosos. La interpretación de la naturaleza desde el hombre, y no desde dioses y sacerdotes nos dan uno de los problemas de la filosofía como lo es el mundo, siendo este de tipo Cosmológico. En la etapa preática, la cual es fundamentalmente la filosofía de la naturaleza o del mundo (filosofía natural) se postula para ella una ley interna que asegura la uniformidad del acaecer de los fenómenos: la misma causa determina siempre, en todas partes y sin excepción alguna, los mismos efectos. Sin este postulado no hay ciencia, ni racionalidad, ni lógica. Los representantes de la filosofía preática son: Tales de Mileto[1], Anaximandro[2], Anaximenes[3], quienes intentan fijar el ser último de la naturaleza: agua, aire caos; Heráclito[4] señala hacia un fuego cósmico inteligente y Parménides y su discípulo Zenón[5] enfatizan que lo que es tiene que ser inmutable e inmóvil; en consecuencia las cosas perecederas no son el ser como tal; son apariencias y apariciones inconsistentes.
Los preáticos posteriores son  Demócrito[6], Anaxágoras[7] y Empédocles [8]quienes continúan la línea de Tales de Mileto en la que su doctrina de la naturaleza, es realista y materializante ya que son los cuatro elementos que constituyen el mundo.
En la filosofía Griega, se inaugura “la razón” como un instrumento para la búsqueda de la verdad, y se siembran los principios de la ciencia moderna. Surge como una respuesta a los mitos, para dar argumento acerca de su naturaleza (el porqué de las cosas), ya que la mitología no es un pensamiento filosófico, puesto que no da una afirmación racional y deductiva de sus afirmaciones.
En las corrientes del pensamiento siempre se habla de que hay que conocerse a sí mismo hecho y dicho que se le atribuye a varios filósofos.
El aforismo griego "Conócete a ti mismo" (que en griego clásico es γνῶθι σεαυτόν, transliterado como gnóthi seautón) estaba inscrito en el pronaos del templo de Apolo en Delfos, según el periegético Pausanias[9].
El aforismo ha sido atribuido a varios sabios griegos antiguos tales como Heraclito, Quilón de Esparta, Tales de Mileto, Sócrates, Pitágoras y Solón de Atenas
Otras fuentes lo atribuyen a Femonoe, una poetisa griega mítica. En una discusión acerca de la moderación y el autoconocimiento, el poeta romano Juvenal, cita la frase en griego y declara que el precepto desciende "de cælo" (del cielo).
En latín, el aforismo se presenta como temet nosce o bien Gnosce te ipsum.
Es interesante ver algo de la historia del Templo de Apolo en Delfos o mejor dicho ver el Templo de Apolo en Delfos a través de la historia.
Las ruinas del Templo de Apolo en Delfos, que se remontan al siglo IV a. C., pertenecen a un templo dórico períptero. Fue edificado sobre los restos de un templo anterior, fechado en el siglo VI a. C., que a su vez fue erigido en el emplazamiento de otro del siglo VII a. C. Su construcción se atribuye a los arquitectos Trofonio y Agamedes.
En el siglo VI a. C. era conocido como el “Templo de los Alcmeónidas”, en tributo a la familia ateniense que financió su reconstrucción después de un incendio que destruyó su estructura original. El nuevo edificio fue un templo de estilo dórico hexástilo de 6 x 15 columnas. Fue destruido en el año 373 a. C. Las esculturas del frontón son atribuidas a Praxias y Andróstenes, atenienses. De una proporción similar, en el segundo templo se mantuvo el patrón 6 x 15 columnas en el estilóbato. Dentro estaba el “ádyton”, el centro del oráculo de Delfos y el asiento de la Pitia. El monumento fue restaurado en parte en 1938.
Sobrevivió hasta el 390, año en el que el emperador cristiano, Teodosio I, silenció el oráculo con la destrucción del templo y la mayoría de las estatuas y obras de arte en nombre de la Cristiandad. El santuario fue completamente destruido por los cristianos celosos de su fe, en su intento de borrar todas las huellas del paganismo. 
Antes de que se asentara el culto de Apolo en Delfos, "reinaba" una divinidad femenina, Gea (la Tierra), representada como diosa-serpiente.
Según el mito narrado en el himno homérico de Apolo, un dragón (según unas fuentes Gea, según otras su hija Temis) vivía en Delfos junto a la fuente Castalia, de fuerza denodada, corpulento, enorme fiera salvaje que provocaba grandes desgracias a los hombres en la tierra (...) Fue este dragón quien acogió y alimentó al feroz y tremendo Tifón, pesadilla de los mortales, hijo de Hera, la del dorado trono.
Tifón, en la mitología griega, personificaba a los terremotos y a las erupciones volcánicas. Apolo lo mató y dejó que el brillante Hiperión (el Sol) lo pudriera en griego antiguo: pytho. De aquí el nombre de Pitio con el que también se designó al dios.
Muerto el monstruo, Apolo neutralizó los últimos intentos de Gea por conservar la supremacía del sacro lugar, convirtiéndose en señor absoluto, no sin antes haber abandonado la región durante un tiempo para purificarse del crimen, porque también los dioses debían someterse a la ley común de los homicidas (deicida en este caso). Volvió y tomó posesión del lugar y de su omnipotente oráculo.
Una versión del mito cuenta que desembarcó con un grupo de habitantes de Cnosos, que había llevado consigo para que constituyesen el clero de su oráculo en las cercanías de Crisa, la ciudad que durante cierto periodo prevaleció sobre Delfos.
La ocupación del lugar de Delfos se remonta al neolítico, al quinto y al cuarto milenio a. C.
En torno a este santuario, que figura desde los orígenes como el corazón de Delfos, se han descubierto también fragmentos de vasijas que se remontan al periodo heládico antiguo (3000-2000 a. C.) y al heládico medio (2000 a. C.-1600 a. C.) al sur y al este del templo.
Hasta el período heládico reciente (o época micénica ), parece que no haya habido más que habitáculos de pastores hechos con maderas y ramas. No hay pruebas de que existiera entonces un lugar de culto, un santuario de carácter oracular. Parece que las leyendas de la fundación se sitúan en esta época, y en particular la que narra Diodoro Sículo referente a la presencia de los pastores.
Por otra parte, Pausanias recoge una antigua creencia, según la cual ha habido cuatro templos antes de la época clásica, en el mismo lugar donde se edifica el de Apolo del siglo IV a. C.:
·               El primero, construido con ramas de laurel traídas del valle de Tempe, en la Tesalia septentrional, que simulaba una colina. De la época heládica media o antigua.
·               El segundo, levantado por abejas con cera y plumas. Sería un edificio de forma alveolar, semejante a las tumbas- tholos micénicas.
·               El tercero, de bronce, erigido por el dios Hefesto. Podría relacionarse con un santuario adornado en bronce del siglo XIII a. C.
·               El cuarto, en piedra, construido por los legendarios arquitectos mencionado antes, originarios de Orcómeno, en Beocia, contemporáneos de la guerra de Troya. Habría que situarlo en la última parte de la época micénica, o en el periodo llamado geométrico, es decir, los siglos XII al X a. C.
Las excavaciones han descubierto alrededor del templo de Apolo edificios rectangulares en forma de ábside que se remontan a los siglos XIII y XII a. C. Se supone que en el lugar del propio templo se encontraba un megarón, residencia del jefe del pueblo, pero no hay constancia arqueológica.
Otras tumbas se han hallado al oeste del santuario, hacia la Marmaria. Y es aquí donde se han hallado las huellas más concretas de la presencia de un lugar de culto. Parece ser que se trataba de un santuario dedicado a la Atenea prehelénica, pues Gea debía tener su culto en el lugar donde se está el templo de Apolo.
Han aparecido muchas estatuillas de sacerdotisas o divinidades. Una de las más importantes es de una mujer desnuda, sentada sobre un trípode con las piernas separadas. Es el primer testimonio de la presencia de una profetisa en el abismo oracular. El número de ídolos y en particular figuritas en forma de toro que se han localizado en los cimientos del templo de Apolo, permite suponer que ya era un lugar de culto, más que la sede de un jefe. En el mismo lugar se ha hallado un fragmento de ritón, recipiente que termina en cabeza de león, de origen cretense. La construcción es la de la prehistórica Pitón.
No se sabe con certeza cuando Apolo se asentó allí.
La cerámica prueba que existe una continuidad de ocupación del lugar durante el periodo llamado oscuro o dórico, que corresponde en términos arqueológicos al submicénico ( 1100 - 1025 a. C., al protogeométrico (1025 - 900) y al comienzo del geométrico propiamente dicho, que va del 900 al 700 a. C.
Se piensa que Apolo se apropió del santuario a lo largo de estos siglos, pero sin llegar a sustituir a un antiguo dios, llamado Peán o Peane.
Además, es desconcertante constatar que el resto de las huellas del culto de Apolo délfico en época histórica se hallen sólo en Creta, y por lo tanto sería de donde partió Apolo para establecerse en Delfos, lo que nos lleva a la época micénica.
En los tiempos de Homero, en el siglo VIII a. C. lo más tarde, Apolo reinaba en Delfos y en la Odisea vemos que Agamenón consulta el oráculo de "Febo Apolo en la buena Pitia", lo que nos conduce al final de la época micénica, aunque podría tratarse perfectamente de un anacronismo.
Sin duda, es cuando Delfos entra en la anfictionía de Antela, junto a las Termópilas, cuyo centro era el santuario de Deméter Pilaia.
La anfictionía era una confederación de pueblos griegos, de carácter religioso, en torno a un santuario.
En el año 600 a. C. estalló la primera guerra sagrada que duró diez años. Las gentes de Cirra, el puerto por el que accedían numerosos peregrinos que se dirigían a Delfos, impusieron a éstos unas tasas tan gravosas que perjudicaron a los delfios, hasta tal punto que la anfictionía declaró la guerra a Cirra.
Después de luchas prolongadas e inciertas, Cirra quedó destruida y su territorio fue confiscado en beneficio del santuario. Los delfios se quedaron como dueños del oráculo, la anfictionía asumió la administración del santuario.
En el 548 a. C. el antiguo templo de Trofonio y Agamedes se incendió. Se construyó otro empleando grandes medios, que fue terminado en el 510 a. C.
Cuando tuvieron lugar las Guerras Médicas, el oráculo se mostró tan pesimista que fue acusado de filopersa.
En el 480 a. C., los persas enviaron tropas para intentar conquistar Delfos, pero fueron puestas en fuga por una violenta tempestad.
Los focidios se adueñaron del santuario en el 448 a. C. con ayuda de los atenienses, y ésta fue la causa de la segunda guerra sagrada. La intervención espartana del año siguiente no impidió que los focidios conservaran la supremacía política de Delfos, gracias a la ayuda de Pericles.
Hasta el 421 a. C., tras la paz de Nicias, en plena guerra del Peloponeso, Delfos no recuperó su independencia.
La avalancha de rocas de los montes Fedríades, a consecuencia de un terremoto, destruyó en parte el templo, cuya reconstrucción no se inició hasta el año 369 a. C.
Los focidios desencadenaron la tercera guerra sagrada en el 346 a. C., ocupando Delfos y atrincherándose allí. Permanecieron como dueños del oráculo durante 10 años.
Sobre el 352 a. C., se reemprendieron los trabajos de reconstrucción del templo.
Expulsados por Filipo II de Macedonia, los foceos se vieron obligados a pagar una gravosa indemnización y perdieron sus votos en la anfictionía, donde entró Filipo, que había incluido a Macedonia en la anfictionía.
La cuarta guerra sagrada empezó en el 339 a. C. Los locrios de Anfípolis, que habían cultivado la llanura de Cirra pretendían cobrar una tasa a los peregrinos.
En el 328 a. C., Filipo II intervino y puso fin a esta última guerra sagrada con la derrota de los locrios.
Todos estos incidentes impidieron que la restauración del templo no se concluyese hasta el 330 a. C.
La expansión de los celtas, asentados al norte de los Balcanes en el siglo IV a. C., constituía una amenaza para Grecia. Macedonia los mantenía a raya, pero hacia el 280 a. C. las luchas intestinas del antiguo reino de Macedonia de Filipo y de Alejandro debilitaron este escudo helénico.
Los celtas, que en los textos griegos son denominados gálatas, en el año 279 a. C. derrotaron a los macedonios, matando a Ptolomeo Cerauno. El camino hacia Grecia estaba expedito. Los celtas cayeron sobre Tesalia a las órdenes de Breno, llegaron hasta las Termópilas; donde en un principio fueron contenidos, para después retirarse.
Esta campaña tuvo lugar en invierno, con el Parnaso nevado. Estas condiciones climáticas unidas al apoyo etolio y de los focidios, salvaron el templo.
Breno, herido, se retiró de la lucha. La leyenda asegura que Atenea y Artemisa, intervinieron en la batalla, y que las piedras caídas del Parnaso, lanzadas sin duda por los griegos apostados en las alturas, sembraron el pánico entre los gálatas. Antes de retirarse, saquearon los templos de Marmaria.
El emperador romano Juliano el Apóstata (361-363) intentó en vano dar una cierta vida al templo, que fue cerrado en el 394 tras el edicto de Teodosio, que prohibía los cultos considerados paganos. Entonces en Delfos, se asentó un obispo y en el siglo siguiente se construyó una basílica al oeste del santuario abandonado.
Construido en estilo dórico, disponía de seis columnas de toba en el frente y quince en los lados.
Se accedía mediante tres escalones. La parte meridional se apoyaba sobre una muralla, que a su vez descansaba en una terraza inferior sostenida por un muro poligonal.
Sobre esta terraza, entre otros edificios, se encontraba probablemente, la sede de la Pitia.
En la sala subterránea del templo (el ádyton), donde estaba ubicado el ónfalo y borboteaba el agua de la fuente Casótide, la sacerdotisa de Apolo pronunciaba sus oráculos sibilinos, que los sacerdotes interpretaban y transcribían.
Una vez ubicados en la historia por así decir tanto en el tiempo como en el espacio con respecto al Templo de Apolo y lo que allí sucedió, vemos que habitualmente se cita esta frase: "Conócete a ti mismo", escrita en el frontispicio del Templo, pero a menudo se pierde de vista su sentido exacto, no solo en lo que representa como frase sino en el contexto mismo de su esencia y su origen y posterior autoría
A propósito de la confusión que reina con respecto a estas palabras, pueden plantearse dos cuestiones: la primera concierne al origen de esta expresión, la segunda a su sentido real y a su razón de ser. Algunos lectores podrían creer que ambas cuestiones son completamente distintas y que no tienen entre sí ninguna relación. Tras una reflexión y un examen atento, claramente aparece que mantienen una estrecha conexión.
Si se les pregunta a quienes han estudiado la filosofía griega quién fue el hombre que pronunció primero esta sabia frase, la mayoría de ellos no dudará en responder que el autor de esta máxima es Sócrates[10], aunque algunos pretenden referirla a Platón[11] y otros a Pitágoras[12]. (ver las épocas en que vivieron en las referencias).
De estos pareceres contradictorios, de estas divergencias de opinión, estamos en nuestro derecho de concluir que esta frase no tiene por autor a ninguno de los filósofos mencionados, y que no es en ellos dónde habría que buscar su origen algo ya esbozado con anterioridad.
Nos parece lícito formular esta advertencia, que parecerá justa al lector cuando sepa que dos de estos filósofos, Pitágoras y Sócrates, no dejaron ningún escrito.
En cuanto a Platón, nadie, sea cual sea su competencia filosófica, está en situación de distinguir qué fue dicho por él o por su maestro Sócrates. La mayor parte de la doctrina de este último no nos es conocida más que por mediación de Platón, y, por otra parte, se sabe que es en la enseñanza de Pitágoras donde Platón recogió ciertos conocimientos de los que hace gala en sus diálogos.
Con ello, vemos que es extremadamente difícil delimitar lo que corresponde a cada uno de estos tres filósofos. Lo que se atribuye a Platón a menudo es también atribuido a Sócrates, y, entre las teorías consideradas, algunas son anteriores a ambos y provienen de la escuela de Pitágoras o de él mismo. Cuando Pitágoras fallece, no habían nacido ni Sócrates ni Platón.
Verdaderamente, el origen de la expresión estudiada se remonta mucho más allá de los tres filósofos mencionados. Mejor aún: es más antigua que la historia de la filosofía, y supera también el dominio de la filosofía, tal como pudimos ver a través de la historia del Templo de Apolo en Delfos desde su construcción hasta su devastación ya que se dice que estas palabras estaban inscritas en la puerta del Templo de Apolo en Delfos tal como se expuso anteriormente.
Posteriormente fueron adoptadas por Sócrates, así como por otros filósofos, como uno de los principios de su enseñanza, a pesar de la diferencia que haya podido existir entre estas diversas enseñanzas y los fines perseguidos por sus autores. Es probable, por lo demás, que también Pitágoras haya empleado esta expresión mucho antes que Sócrates.
Con ello, estos filósofos se proponían demostrar que su enseñanza no era estrictamente personal, que provenía de un punto de partida más antiguo, de un punto de vista más elevado que se confundía con la fuente misma de la inspiración original, espontánea y divina.
Constatamos que estos filósofos eran, por ello, muy diferentes a los filósofos modernos, que despliegan todos sus esfuerzos para expresar algo nuevo, a fin de ofrecerlo como la expresión de su propio pensamiento, de erigirse como los únicos autores de sus opiniones, como si la verdad pudiera ser propiedad de alguien.
Veremos ahora por qué los filósofos antiguos quisieron vincular su enseñanza con esta expresión o con alguna similar, y por qué se puede decir que esta máxima es de un orden superior a toda filosofía.
Para responder a la segunda parte de esta cuestión, diremos que la solución está contenida en el sentido original y etimológico de la palabra "filosofía", que habría sido, se dice, empleada por primera vez por Pitágoras, y como se dijo, filosofía expresa propiamente el hecho de amar a Sophia, la sabiduría, la aspiración a ésta o la disposición requerida para adquirirla.
Esta palabra siempre ha sido empleada para calificar una preparación a esa adquisición de la sabiduría, y especialmente los estudios que podían ayudar al philosophos, o a aquel que experimentaba por ella alguna tendencia, a convertirse en sophos, es decir, en sabio.
Así, como el medio no podría ser tomado por un fin, el amor a la sabiduría no podría constituir la sabiduría misma. Y debido a que la sabiduría es en sí idéntica al verdadero conocimiento interior, se puede decir que el conocimiento filosófico no es sino un conocimiento superficial y exterior. No posee en sí mismo, ni por sí mismo, un valor propio. Solamente constituye un grado preliminar en la vía del conocimiento superior y verdadero, que es la sabiduría. Fundamental para el iniciado masón leer e internalizar lo anteriormente expuesto.
Es muy conocido por quienes han estudiado a los filósofos antiguos que éstos tenían dos clases de enseñanza, una exotérica y otra esotérica. Todo lo que estaba escrito pertenecía solamente a la primera. En cuanto a la segunda, nos es imposible conocer exactamente su naturaleza, ya que por un lado estaba reservada a unos pocos, y, por otro, tenía un carácter secreto. Ambas cualidades no hubieran tenido ninguna razón de ser si no hubiera habido allí algo superior a la simple filosofía.
Puede al menos pensarse que esta enseñanza esotérica estaba en estrecha y directa relación con la sabiduría y que no apelaba tan sólo a la razón o a la lógica, como es el caso para la filosofía, que por ello ha sido llamada "el conocimiento racional". Los filósofos de la Antigüedad admitían que el conocimiento racional, es decir, la filosofía, no era el más alto grado del conocimiento, no era la sabiduría.
¿Acaso la sabiduría puede ser enseñada del mismo modo que el conocimiento exterior, por la palabra o mediante libros? Ello es realmente imposible, y veremos la razón.
Lo que podemos afirmar desde ahora es que la preparación filosófica no es suficiente, ni siquiera como preparación, pues no concierne más que a una facultad limitada, que es la razón, mientras que la sabiduría concierne a la realidad del ser al completo.
De modo que existe una preparación a la sabiduría más elevada que la filosofía, que no se dirige a la razón, sino al alma y al espíritu, y a la que podemos llamar preparación interior; éste parece haber sido el carácter de los más altos grados de la escuela de Pitágoras. Ha ejercido su influencia a través de la escuela de Platón y hasta el neo-platonismo de la escuela de Alejandría, donde apareció de nuevo claramente, así como entre los neo-pitagóricos de la misma época.
Si para esta preparación interior se empleaban también palabras, éstas no podían ser ya tomadas sino como símbolos destinados a fijar la contemplación interior.
Mediante esta preparación, el hombre es llevado a ciertos estados que le permiten superar el conocimiento racional al que había llegado anteriormente, y como todo esto está muy por encima de la razón, está también muy por encima de la filosofía, puesto que la palabra filosofía siempre es empleada de hecho para designar algo que sólo pertenece a la razón.
No obstante, es asombroso que los modernos hayan llegado a considerar a la filosofía, así definida, como si fuera completa en sí misma, y olvidan así lo más elevado y superior.
La enseñanza esotérica fue conocida en los países de oriente antes de propagarse en Grecia, donde recibió el nombre de "misterios".
Los primeros filósofos, en particular Pitágoras, vincularon a ellos su enseñanza, como no siendo sino una expresión nueva de ideas antiguas.
Existían numerosas clases de misterios con orígenes diversos. Aquellos en los  que se inspiraron Pitágoras y Platón estaban en relación con el culto de Apolo.
Los "misterios" tuvieron siempre un carácter reservado y secreto, significando etimológicamente la propia palabra "misterios" silencio total, no pudiendo ser expresadas mediante palabras las cosas a las cuales se referían, sino tan sólo enseñadas por una vía silenciosa. Pero los modernos, al ignorar cualquier otro método distinto al que implica el uso de la palabra, al cual podemos llamar el método de la enseñanza exotérica, han creído erróneamente, a causa de ello, que no había aquí ninguna enseñanza.
Podemos afirmar que esta enseñanza silenciosa usaba figuras, símbolos y otros medios que tenían por objetivo conducir al hombre a estados interiores, permitiéndole llegar gradualmente al conocimiento real o a la sabiduría.
Tal era el objetivo esencial y final de todos los "misterios" y de otras cosas semejantes que pueden encontrarse en diferentes lugares.
En cuanto a los "misterios" que estaban especialmente vinculados al culto de Apolo y al propio Apolo, es preciso recordar que éste era el dios del sol y de la luz, siendo ésta en su sentido espiritual la fuente de donde brota todo conocimiento y de la que derivan las ciencias y las artes.
Se dice que los ritos de Apolo llegaron del Norte y esto se refiere a una tradición muy antigua, que se encuentra en libros sagrados como el Vêda hindú y el Avesta persa.
Este origen nórdico era incluso afirmado más especialmente para Delfos, que pasaba por ser un centro espiritual universal; y había en su templo una piedra llamada "omphalos" que simbolizaba el centro del mundo.
Se piensa que la historia de Pitágoras, e incluso su propio nombre, poseen una cierta relación con los ritos de Apolo. Éste era llamado Pythios, y se dice que Pytho era el nombre original de Delfos. La mujer que recibía la inspiración de los Dioses en el templo era llamada Pythia. El nombre de Pitágoras significa entonces "guía de la Pythia", lo cual se aplica al propio Apolo. Se cuenta además que es la Pythia quien declaró que Sócrates era el más sabio de los hombres. Parece entonces que Sócrates estuvo relacionado con el centro espiritual de Delfos, al igual que Pitágoras.
En una Escuela de Misterios se enseñan los ideales que debe desarrollar una persona o iniciado  y se hace de tal forma que estos ideales sean parte de la vida del discípulo para que, después, puedan ser guías de otros. El discípulo o iniciado de una escuela de Misterios aprende a dirigir su energía creadora (la energía divina que utilizamos para hablar, procrear y pensar) hacia el cerebro para transmutarla en fuerza del Alma por medio de una vida de sacrificio, abnegación y hasta la castidad. Esta fuerza es la que utilizará luego para salir de su cuerpo y dirigirse a los mundos superiores.
Se llama iniciado de una Escuela de Misterios al que, después de ser probado y aceptado como discípulo, ha sido preparado por algún Maestro o Hermano de Mayor jerarquía para obtener la iniciación la cual se concede en los planos superiores ya que es allí donde están los capacitados para ello, tal como se hace en la actual Masonería.
Añadiremos que si bien todas las ciencias eran atribuidas a Apolo, esto era incluso más especialmente en cuanto a la geometría y la medicina. En la escuela pitagórica, la geometría y todas las ramas de las matemáticas ocupaban el primer lugar en la preparación al conocimiento superior. Con respecto a este conocimiento, estas ciencias no eran dejadas de lado, sino que, por el contrario, eran empleadas como símbolos de la verdad espiritual.
También Platón consideraba a la geometría como una preparación indispensable a toda otra enseñanza, y había inscrito sobre la puerta de su escuela estas palabras: "Nadie entre aquí si no es geómetra". Se comprende el sentido de estas palabras cuando se las refiere a otra fórmula del mismo Platón: "Dios siempre geometriza", ya que, hablando de un Dios geómetra, Platón aludía a Apolo.
No debe asombrar que los filósofos de la Antigüedad hayan empleado la frase inscrita en la entrada del templo de Delfos, puesto que conocemos ahora los vínculos que los unían a los ritos y al simbolismo de Apolo.
Después de todo esto, fácilmente podemos comprender el sentido real de la frase estudiada aquí y el error de los modernos a este respecto. Este error deriva de que ellos han considerado esta frase como una simple sentencia de un filósofo, a quien atribuyen siempre un pensamiento comparable al suyo.
Pero, en realidad, el pensamiento antiguo difería profundamente del pensamiento moderno. Así, muchos atribuyen a esta frase un sentido psicológico; pero lo que ellos llaman psicología consiste tan sólo en el estudio de los fenómenos mentales, que no son sino modificaciones exteriores -y no la esencia- del ser.
Otros aún ven en ella, sobre todo aquellos que la atribuyen a Sócrates, un objetivo moral, la búsqueda de una ley aplicable a la vida práctica. Todas estas interpretaciones exteriores, sin ser siempre enteramente falsas, no justifican el carácter sagrado que poseía en su origen, que implica un sentido mucho más profundo que el que así se le quiere atribuir. En primer lugar, significa que ninguna enseñanza exotérica es capaz de dar el conocimiento real, que el hombre debe encontrar solamente en sí mismo, pues, de hecho, ningún conocimiento puede ser adquirido sino mediante una comprensión personal.
Sin esta comprensión, ninguna enseñanza puede desembocar en un resultado eficaz, y la enseñanza que no despierta en quien la recibe una resonancia personal no puede procurar ninguna clase de conocimiento. Es la razón de que Platón dijera que "todo lo que el hombre aprende está ya en él".
Todas las experiencias, todas las cosas exteriores que le rodean no son más que una ocasión para ayudarle a tomar conocimiento de lo que hay en sí mismo. Este despertar es lo que se llama anamnesis, y que significa "reminiscencia".
Si esto es cierto para todo conocimiento, lo es mucho más para un conocimiento más elevado y más profundo, y, cuando el hombre avanza hacia este conocimiento, todos los medios exteriores y sensibles se hacen cada vez más insuficientes, hasta finalmente perder toda utilidad. Si bien pueden ayudar a aproximarse a la sabiduría en algún grado, son impotentes para adquirirla realmente, y se dice corrientemente en la India que el verdadero guru o maestro se encuentra en el propio hombre y no en el mundo exterior, aunque una ayuda exterior pueda ser útil al principio, para preparar al hombre a encontrar en sí y por sí mismo lo que no puede encontrar en otra parte, y particularmente lo que está por encima del nivel de la conciencia racional. Es necesario, para lograrlo, realizar ciertos estados que avanzan siempre más profundamente hacia el ser, hacia el centro, simbolizado por el corazón y donde la conciencia del hombre debe ser transferida para hacerle capaz de alcanzar el conocimiento real. Estos estados, que eran realizados en los misterios antiguos, eran grados en la vía de esta transposición de la mente al corazón.
Había, hemos dicho, una piedra en el templo de Delfos llamada “omphalos”, que representaba el centro del ser humano, así como el centro del mundo, según la correspondencia que existe entre el macrocosmos y el microcosmos, es decir, el hombre, de tal manera que todo lo que está en uno está en relación directa con lo que está en el otro. Avicena dijo: "Tú te crees una nada, y sin embargo el mundo reside en ti".
La palabra griega omphalos significa propiamente “ombligo”, pero designa también, de manera general, todo lo que es centro, y más especialmente el medio de una rueda.
Nos parece que, entre las ideas expresadas por esta palabra, a este respecto, hay una de importancia muy particular: el Mundo estando simbolizado por la rueda como hemos explicado precedentemente, su cubo representa naturalmente el “Centro del Mundo”.
Este medio, alrededor del cual gira la rueda, es además su pieza esencial; y podemos referirnos sobre este punto a la tradición extremo-oriental: “Treinta radios reunidos, dice Lao-Tsé, forman una ensambladura de rueda; solos, son inutilizables; es el vacío quien los une, que hace de ellos una rueda de la que puede servirse”.
Se podría creer, a primera vista, que se trata en ese texto del espacio que permanece vacío entre los radios; pero no se puede decir que este espacio los une, y, en realidad, es del vacío central de lo que se trata. En efecto, el vacío, en las doctrinas orientales, representa el estado principial de “no-manifestación” o de “no-actuar”: La “Actividad del Cielo”, se dice, es una “actividad no-actuante” (wei wuweï), y sin embargo es la suprema actividad, principio de todas las otras, y sin la cual nada podría actuar; luego es el equivalente del “motor inmóvil” de Aristóteles.
Es curioso señalar la creencia extendida en la Antigüedad según la cual el omphalos había caído del cielo, y se tendrá una idea exacta del sentimiento de los griegos con respecto a esta piedra diciendo que tenía cierta similitud con el que experimentamos con respecto a la piedra negra sagrada de la Kaabah.
La representación material del Omphalos era generalmente una piedra sagrada, lo que a menudo se llama un «betilo»; y esta última palabra es también de las más notables.
Parece, en efecto, no ser otra cosa que la hebrea Beith-El, «casa de Dios», el nombre mismo que Jacob dio al lugar donde el Señor se le había manifestado en un sueño: “Y Jacob se despertó de su sueño y dijo: Sin duda el Señor está en este lugar y yo no lo sabía. Y espantado dijo: ¡Cuán terrible es este lugar, es la casa de Dios y la puerta de los Cielos! Y Jacob se levantó de mañana, y cogió la piedra que había sido su cabecera, la levantó como un pilar, y derramó aceite encima de ella (para consagrarla). Y dio a este lugar el nombre de Beith-El; pero el primer nombre de esta ciudad era Luz” (Génesis, XXVIII, 16-19).
La similitud que existe entre el macrocosmos y el microcosmos hace que cada uno de ellos sea la imagen del otro, y la correspondencia entre los elementos que los componen demuestra que el hombre debe conocerse a sí mismo primero para poder conocer después todas las cosas, pues, en verdad, puede encontrarlo todo en él. Es por esta razón que algunas ciencias –especialmente las que forman parte del conocimiento antiguo y que son casi ignoradas por nuestros contemporáneos- poseen un doble sentido.
Por su apariencia exterior, estas ciencias se refieren al macrocosmos y pueden ser consideradas justamente desde este punto de vista. Pero al mismo tiempo también poseen un sentido más profundo, el que se refiere al propio hombre y a la vía interior por la cual puede realizar el conocimiento en sí mismo, realización que no es otra que la de su propio ser.
Aristóteles dijo: "el ser es todo lo que conoce", de tal modo que, allí donde existe conocimiento real -y no su apariencia o su sombra- el conocimiento y el ser son una y la misma cosa.
La sombra, según Platón, es el conocimiento por los sentidos e incluso el conocimiento racional que, aunque más elevado, tiene su origen en los sentidos. En cuanto al conocimiento real, está por encima del nivel de la razón; y su realización, o la realización del ser, es semejante a la formación del mundo, según la correspondencia de la que hemos hablado.
Es ésta la razón de que algunas ciencias puedan describirse bajo la apariencia de esta forma. Este doble sentido estaba incluido en los antiguos misterios, del mismo modo que en todas las enseñanzas que apuntan al mismo fin entre los pueblos de oriente.
Parece que igualmente en occidente esta enseñanza ha existido durante toda la Edad Media, aunque hoy haya desaparecido completamente, hasta el punto que la mayoría de los occidentales no tiene idea alguna de su naturaleza o siquiera de su existencia.
Por todo lo precedente, vemos que el conocimiento real no tiene como vía a la razón, sino al espíritu y al ser al completo, pues no es otra cosa que la realización de este ser en todos sus estados, lo que constituye el fin del conocimiento y la obtención de la sabiduría suprema.
En realidad, lo que pertenece al alma, e incluso al espíritu, representa solamente grados en la vía hacia la esencia íntima que es el verdadero Sí, y que puede hallarse tan sólo una vez que el ser ha alcanzado su propio centro, cuando estando todas sus potencias unidas y concentradas como en un solo punto, en el cual todas las cosas se le aparecen, cuando estando contenidas en este punto como en su primer y único principio, puede entonces conocer todas las cosas como en sí mismo y desde sí mismo, como la totalidad de la existencia en la unidad de su propia esencia.
Es fácil ver cuán lejos está esto de la psicología en el sentido moderno de la palabra, y que va incluso mucho más lejos que un conocimiento más verdadero y más profundo del alma, que no puede ser sino el primer paso en esta vía.
Es importante indicar que el significado de la palabra “nefs” no debe ser aquí restringido al alma, pues esta palabra se encuentra en la traducción árabe de la frase considerada, mientras que su equivalente griego “psyché” no aparece en el original. No debe pues atribuirse a esta palabra el sentido corriente, pues es seguro que posee otro significado mucho más elevado que le hace asimilable al término esencia, y que se refiere al Sí o al ser real; como prueba, tenemos lo que se dice en el siguiente “hadith”, que es como un complemento de la frase griega: "Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor".
Cuando el hombre se conoce a sí mismo en su esencia profunda, es decir, en el centro de su ser, es cuando conoce a su Señor. Y conociendo a su Señor, conoce al mismo tiempo todas las cosas, que vienen de Él y a Él retornan.
Conoce todas las cosas en la suprema unidad del Principio divino, fuera del cual, según la sentencia de Mohyiddin ibn Arabî,[13] "no hay absolutamente nada que exista", pues nada puede haber fuera del Infinito.
Traducido del Cap. VI de la 1ª parte de "Mélanges", París, Gallimard, 1976. (Publicado la primera vez en árabe en la revista El-Ma'rifah, nº 1, mayo de 1931).
En cuanto a la importancia de la subjetividad que nos hace errar y ver el mundo de la Tradición en función de nuestras particularidades, permitidme señalar la siguiente declaración de René Guénon[14]: "lo que es propiamente infalible es la doctrina en sí misma, y sólo ella, y no individuos humanos, cualesquiera que éstos sean; y si la doctrina es infalible es porque es una expresión de la verdad que, en sí misma, es absolutamente independiente de los individuos que la reciben y que la comprenden. La garantía de la doctrina reside en su carácter "no humano".
De allí que el objetivo básico de la iniciación masónica, el de conocerse a uno mismo es fundamental, pero es algo exclusivamente individual, que no puede darse de manera externa, sino que debe fusionarse entre lo iniciático y lo espiritual. Nadie inicia a nadie. El hombre mismo como individuo se inicia. Lógicamente esto es a nivel interno porque desde el punto de vista material cualquiera puede iniciar a otra persona en un rito o ceremonia, pero no va más allá.
Ese más allá, va dirigido al centro espiritual de la persona, al omphalos propio, a su ser interno el cual deberá elevar y poner a vibrar en la frecuencia más elevada que pueda. Es fundamental señalar entonces, que el conocimiento de sí mismo es algo exclusivo del iniciado y llegar a la sabiduría dependerá de lo pueda conocer primero de sí mismo y de lo que lo rodea, ya que todo está concatenado en el microcosmos que representa el ser humano.
Dependiendo el grado de sabiduría obtenida por el estudio del ser interno de las cosas – todas lo tienen – mediante la meditación y la contemplación puede llegarse a la iluminación del ser que completará su ciclo al encontrar posteriormente la verdad, su propia verdad y lo hará libre en el sentido que no va a necesitar de otras acciones sobre su ser interior ya que estará “despierto” al mundo y a todo lo que le rodea.
Sería llegar al más alto grado de evolución del proceso del conocimiento a través de ese axioma “conócete a ti mismo” que hemos venido desarrollando en el presente trazado, y que se encuentra como todo aprendiz lo sabe, en su contacto con el elemento tierra de su iniciación.
El iniciado masón debe por su cuenta, seguir el proceso iniciático dentro de sí mismo, a través de los símbolos y herramientas que se le asignen de grado en grado hasta optar la maestría. Esta maestría no es nada comparable con lo puede hacerse dentro de sí mismo si no se logra un mínimo de conocimiento previo ya que es el maestro que hace el grado y no el grado al maestro. Maestro es quien puede enseñar y tiene la capacidad de hacerlo, y no ser mero representante de un título. Los conceptos adquiridos deben estar acordes a la filosofía de su aprendizaje pero no a la de la razón sino a la que permita ver el interior de las cosas, de los símbolos, de todo lo que le rodea, y lo más importante, ser maestro de sí mismo. No hay nadie más cercano al hombre que su propio ser para estudiarlo.
Dado que la masonería tiene todo lo que el iniciado necesita para lograrlo, los Maestros deben hacer honor a su Grado, en su propia preparación interna para poder dar “luces” a quienes vienen detrás.
Un verdadero iniciado no necesariamente debe ser o llegar a ser Maestro de Grado, sino obtener su propia maestría desde adentro para poder reflejar lo aprendido. El estudio es la base primordial de todo esto, tal como la idea es la base fundamental del pensamiento, el cual a su vez lo es de las acciones y determinaciones tomadas por el ser pensante, por las que posteriormente será juzgado o reconocido por los demás.
De allí que cuando dicen “por sus actos lo conoceréis” es precisamente lo anterior, el reflejo de todo su esplendor en el accionar frente al mundo y los demás, es un ser de “luz” o un descendiente de Caín, un cainita. El fuego y la llama son la materia y el espíritu condensados en un solo todo con valores y propiedades propias. La volatilidad del aire en su esencia, refleja la volatilidad del alma y el agua su purificación.
Al Fuego, se le considera como el elemento más energético de los cuatro, pues es el que dentro de la naturaleza produce una potente combustión generadora de varios tipos de energía (luz, calor, etc.). En este caso la energía del elemento Aire la proporciona el oxígeno, y la sustancia de Tierra es la que arde. El fuego para los antiguos siempre representó un objeto de adoración, que a la vez inspiraba temor y admiración. Temor porque descontrolado podía ser sinónimo de muerte y destrucción, y admiración porque proporcionaba la luz y el calor, elementos esenciales para la existencia humana. El Fuego en la naturaleza está representado tanto por el Sol, cuya energía es necesaria para la vida, como en el centro de la tierra, en forma de magma volcánico.
El Fuego, por tanto, es el elemento que mueve, causa, genera, da inicio, impulsa, emite luz y comienza en el sendero o camino de perfeccionamiento humano. De allí la importancia fundamental de la vela enclavada en el interior de la tierra, cuando el profano comienza su proceso de iniciación en la masonería.
En la psicología humana tiene un significado similar al abstracto, porque expresa la luz interna de la persona, es decir, su conciencia. Esta última puede ser cálida, como una lámpara que guía en el camino o, también, puede ser la conciencia que abrasa al yo pasional.
El ciclo iniciático puede verse a través de un fuego intenso, que evapora el agua, sube y se condensa y vuelve a sus orígenes, es decir a ser agua de nuevo y regar la tierra.
La tierra y todo lo que en ella está, se quema y se convierte en cenizas, las cuales forman parte de todos ellos, llámense vegetales, animales o seres humanos, y el aire les proporciona el oxígeno vital, o sea el soplo místico que origina la dualidad del hombre-alma. El agua a su vez puede apagar o apaciguar el fuego, pero el calor siempre estará presente en el Sol, del cual renacerá la llama fecundante de la creación, cuan iniciado hacia la verdadera iniciación.
Conócete a ti mismo y serás libre…..

M\M\ René A. Thomas R.
Resp. Logia « Sol de Curpa » N° 112
Acarigua – Edo. Portuguesa
SWAMI.’.




[1] Tales de Mileto (c. 625-c. 546 a.C.). Filósofo griego nacido en Mileto (Asia Menor). Fue el fundador de la filosofía griega, y está considerado como uno de los Siete Sabios de Grecia. Tales llegó a ser famoso por sus conocimientos de astronomía después de predecir el eclipse de sol que ocurrió el 28 de mayo del 585 a.C. Se dice también que introdujo la geometría en Grecia. Según Tales, el principio original de todas las cosas es el agua, de la que todo procede y a la que todo vuelve otra vez. Antes de Tales, las explicaciones del universo eran mitológicas, y su interés por la sustancia física básica del mundo marca el nacimiento del pensamiento científico.

[2] Anaximandro (c. 611-c. 547 a.C.). Filósofo, matemático y astrónomo griego. Nació en Mileto (en la actual Turquía). Discípulo y amigo del filósofo griego Tales de Mileto, Anaximandro está considerado el descubridor de la oblicuidad de la eclíptica, que es el ángulo que forman el plano de la eclíptica y el plano del ecuador celeste. También se le considera introductor del reloj de sol en Grecia y fundador de la cartografía. La contribución más relevante de Anaximandro fue elaborar la más temprana obra en prosa en relación al cosmos y los orígenes de la vida, por lo que también es mencionado como fundador de la cosmología. Concebía el Universo como un número de cilindros concéntricos, de los cuales el más exterior es el Sol, el del medio la Luna y el más interno contiene las estrellas. Dentro de estos cilindros está la Tierra, sin base firme y en forma de bombo. Anaximandro postulaba una teoría del origen del Universo que defendía que éste era el resultado de la separación de opuestos desde la materia primaria. Así, el calor se movió hacia fuera, separándose de lo frío y, después, lo hizo lo seco de lo húmedo. Además, Anaximandro sostenía que todas las cosas vuelven con el tiempo al elemento que las originó.

[3] Anaxímenes (c. 570-500 a.C.). Filósofo griego de la naturaleza, el último miembro de la escuela jónica fundada por el filósofo Tales de Mileto. Nació en Mileto (Jonia), en Asia Menor. Anaxímenes afirmaba que el aire es el elemento primario al que todas las demás cosas pueden ser reducidas. Para explicar cómo los objetos sólidos se forman a partir del aire, introdujo las nociones de condensación y rarefacción. Estos procesos, afirmaba, transforman el aire, en sí mismo invisible, en entidades visibles —como el agua, el fuego y las materias sólidas—. Pensaba que el aire se calienta y se vuelve fuego cuando se rarifica y que se enfría y se vuelve sólido al condensarse. La importancia de Anaxímenes no radica en su cosmología sino en su intento de descubrir la naturaleza última de la realidad.

[4] Heráclito (c. 540-c. 475 a.C.). Filósofo griego, quien sostenía que el fuego era el origen primordial de la materia y que el mundo entero se encontraba en un estado constante de cambio. Nació en Éfeso, una antigua ciudad griega en Asia Menor, que ahora pertenece a Turquía. Debido a su vida solitaria, y a la oscuridad y misantropía de su filosofía, es llamado algunas veces el oscuro. En cierto sentido, Heráclito fue uno de los iniciadores de la metafísica griega, aunque sus ideas se derivan de las de la escuela jónica de la filosofía griega. Consideraba el fuego como la sustancia primordial o principio que, a través de la condensación y rarefacción, crea los fenómenos del mundo sensible. Heráclito incorporó a la noción de "ser" de sus predecesores el concepto de "devenir" o flujo, al que consideró una realidad básica subyacente a todas las cosas, incluso a las más estables en apariencia. Para aclararlo, afirmaba que una persona no podía bañarse dos veces en el mismo río. Para Heráclito, su principio es la dialéctica misma, busca el equilibrio, todo es parte de todo, las cosas cambian por eso son o no son. En ética, Heráclito introdujo un nuevo énfasis social, manteniendo que la virtud consiste en la subordinación del individuo a las leyes de una armonía razonable y universal. Aunque su pensamiento estaba influido por la teología popular, atacó los conceptos y ceremonias de la religión popular de su tiempo. Sólo una obra, De la Naturaleza de las cosas, se puede atribuir a Heráclito, aunque algunos autores sostienen que también escribió un libro sobre las leyes. Numerosos fragmentos de su obra fueron preservados por escritores posteriores y se pueden encontrar recopilaciones de estos fragmentos en diversas ediciones modernas.

[5] Heráclito (c. 540-c. 475 a.C.). Filósofo griego, quien sostenía que el fuego era el origen primordial de la materia y que el mundo entero se encontraba en un estado constante de cambio. Nació en Éfeso, una antigua ciudad griega en Asia Menor, que ahora pertenece a Turquía. Debido a su vida solitaria, y a la oscuridad y misantropía de su filosofía, es llamado algunas veces el oscuro. En cierto sentido, Heráclito fue uno de los iniciadores de la metafísica griega, aunque sus ideas se derivan de las de la escuela jónica de la filosofía griega. Consideraba el fuego como la sustancia primordial o principio que, a través de la condensación y rarefacción, crea los fenómenos del mundo sensible. Heráclito incorporó a la noción de "ser" de sus predecesores el concepto de "devenir" o flujo, al que consideró una realidad básica subyacente a todas las cosas, incluso a las más estables en apariencia. Para aclararlo, afirmaba que una persona no podía bañarse dos veces en el mismo río. Para Heráclito, su principio es la dialéctica misma, busca el equilibrio, todo es parte de todo, las cosas cambian por eso son o no son. En ética, Heráclito introdujo un nuevo énfasis social, manteniendo que la virtud consiste en la subordinación del individuo a las leyes de una armonía razonable y universal. Aunque su pensamiento estaba influido por la teología popular, atacó los conceptos y ceremonias de la religión popular de su tiempo. Sólo una obra, De la Naturaleza de las cosas, se puede atribuir a Heráclito, aunque algunos autores sostienen que también escribió un libro sobre las leyes. Numerosos fragmentos de su obra fueron preservados por escritores posteriores y se pueden encontrar recopilaciones de estos fragmentos en diversas ediciones modernas.



[6] Demócrito (c. 460 a.C.-370 a.C.). Filósofo griego que desarrolló la teoría atómica del universo, concebida por su mentor, el filósofo Leucipo. Demócrito nació en Abdera, Tracia. Escribió numerosas obras, pero sólo perduran escasos fragmentos. Según la teoría atómica de la materia de Demócrito, todas las cosas están compuestas de partículas diminutas, invisibles e indestructibles de materia pura (en griego atoma, 'indivisible'), que se mueven por la eternidad en un infinito espacio vacío (en griego kenon, 'el vacío'). Aunque los átomos estén hechos de la misma materia, difieren en forma, medida, peso, secuencia y posición. Las diferencias cualitativas en lo que los sentidos perciben y el origen, el deterioro y la desaparición de las cosas son el resultado no de las características inherentes a los átomos, sino de las disposiciones cuantitativas de los mismos. Demócrito consideraba la creación de mundos como la consecuencia natural del incesante movimiento giratorio de los átomos en el espacio. Los átomos chocan y giran, formando grandes agregaciones de materia. Demócrito escribió también sobre ética, proponiendo la felicidad, o 'alegría', como el mayor bien —una condición que se logra a través de la moderación, la tranquilidad y la liberación de los miedos. En la historia Demócrito era conocido como el Filósofo Alegre, en contraste al más sombrío y pesimista Heráclito. Su teoría atómica anticipó los modernos principios de la conservación de la energía y la irreductibilidad de la materia.

[7] Anaxágoras (c. 500-428 a.C.). Filósofo griego responsable de introducir la noción de nous (en griego 'pensamiento' o 'razón') en la filosofía de los orígenes; sus predecesores habían estudiado los elementos (tierra, aire, fuego, agua) como realidad última. Nació en Clazomenae (cerca de la actual Azmir, Turquía). Anaxágoras fue el primer pensador en establecerse (c. 480) en Atenas, más tarde un destacado centro filosófico. Entre sus alumnos se encontraban el estadista griego Pericles, el dramaturgo griego Eurípides, y quizás también Sócrates. Anaxágoras había enseñado en Atenas durante cerca de treinta años cuando se le encarceló acusado de impiedad al sugerir que el Sol era una piedra caliente y la Luna procedía de la Tierra. Después marchó a Jonia (en Asia menor) y se estableció en Lampsacus (una colonia de Mileto), donde murió. Anaxágoras explicó su filosofía en su obra Peri physeos, pero sólo algunos fragmentos de sus libros han perdurado. Mantenía que toda la materia había existido en su forma primitiva como átomos o moléculas; que estos átomos, numerosos hasta el infinito e infinitesimalmente pequeños, habían existido desde la eternidad; y que el orden que surgió al principio de este infinito caos de átomos diminutos era efecto de la actuación de una inteligencia eterna (nous). También consideraba que todos los cuerpos son simples agregaciones de átomos; así, una barra de oro, acero o cobre se compone de inconcebibles partículas diminutas del mismo material. Anaxágoras marca un gran punto de retorno en la historia de la filosofía griega; su doctrina del nous fue adoptada por Aristóteles, y su interpretación sobre los átomos preparó el camino para la teoría atómica del filósofo Demócrito.

[8] Empédocles (c. 493 a.C.-433 a.C.). Filósofo griego, estadista y poeta, nacido en Agrigentum (hoy Agrigento), Sicilia, discípulo de Pitágoras y Parménides. Según afirma la tradición, Empédocles rechazó aceptar la corona ofrecida por el pueblo de Agrigentum después de haber colaborado a librarle de la oligarquía gobernante. En su lugar instituyó una democracia. El conocimiento moderno de la filosofía de Empédocles se basa en los fragmentos que perduran de sus poemas sobre la naturaleza y la purificación. Afirmaba que todas las cosas están compuestas de cuatro elementos principales: tierra, aire, fuego y agua. Dos fuerzas activas y opuestas, amor y odio, o afinidad y antipatía, actúan sobre estos elementos, combinándolos y separándolos dentro de una variedad infinita de formas. De acuerdo con Empédocles, la realidad es cíclica. Al comenzar un ciclo, los cuatro elementos se encuentran unidos por el principio del amor. Cuando el odio penetra en el círculo, los elementos empiezan a separarse. El amor funde todas las cosas; entonces el odio reemprende el proceso. El mundo como lo conocemos se halla a medio camino entre la esfera primaria y el estado de total dispersión de los elementos. Creía también que no es posible que ningún cambio conlleve la creación de nueva materia; sólo puede ocurrir un cambio en las combinaciones de los cuatro elementos ya existentes. Asimismo formuló una primitiva teoría de la evolución en la que declaraba que las personas y los animales evolucionaban a partir de formas precedentes.


[9] Pausanias (en griego Παυσανίας) fue un viajero, geógrafo e historiador griego del siglo II. Se cree que era nativo de la región de Lidia, situada en Asia Menor, probablemente de Magnesia del Sípilo, que menciona varias veces en su obra, y vivió durante el siglo II d. C. Viajó por Grecia, Macedonia, Italia y algunas zonas de Asia y África. Escribió una obra importante, la Descripción de Grecia (Ἑλλάδος περιήγησις), dividida en diez libros, que da una información muy detallada sobre los monumentos artísticos y algunas de las leyendas relacionadas con ellos. Su obra describe las observaciones hechas durante sus viajes y sus investigaciones personales. Los descubrimientos arqueológicos realizados en épocas actuales han confirmado su exactitud. Entre otros méritos se le atribuye haber encontrado el lugar de la sepultura de Platón en la Academia que éste fundara, a las afueras de Atenas. A pesar de que su obra tiene poco mérito literario, se considera una fuente valiosa de información histórica sobre la topografía, los monumentos y los cultos locales de la antigua Grecia. Esta ha llegado intacta hasta nosotros y está considerada como la primera guía turística que conocemos. Cuenta su estancia en Atenas, describe los Juegos Olímpicos, los templos dóricos y la mitología griega. Cuando en el siglo XVIII los viajeros europeos, sobre todo británicos y alemanes, empiezan a viajar a Grecia y se redescubre esta civilización, llevan como guía la obra de Pausanias. Esta guía permitió la identificación del sitio de Olimpia, de Delfos y, en general, de los grandes yacimientos arqueológicos griegos. Cabe señalar que fue el primero en estudiar el mar Muerto en el siglo II y darle nombre.

[10] Sócrates de Atenas (en griego: Σωκράτης, (Sōkrátēs); demo de Alopecia, 470 a. C.-399 a. C.) fue un filósofo clásico ateniense considerado como uno de los más grandes, tanto de la filosofía occidental como de la universal. Fue maestro de Platón, quien tuvo a Aristóteles como discípulo, siendo estos tres los representantes fundamentales de la filosofía de la Antigua Grecia.

[11] Platón (en griego antiguo: Πλάτων) (Atenas o Egina, ca. 427-347 a. C.) fue un filósofo griego seguidor de Sócrates y maestro de Aristóteles. En 387 fundó la Academia, institución que continuaría su marcha a lo largo de más de novecientos años y a la que Aristóteles acudiría desde Estagira a estudiar filosofía alrededor del 367, compartiendo, de este modo, unos veinte años de amistad y trabajo con su maestro. Platón participó activamente en la enseñanza de la Academia y escribió, siempre en forma de diálogo, sobre los más diversos temas, tales como filosofía política, ética, psicología, antropología filosófica, epistemología, gnoseología, metafísica, cosmogonía, cosmología, filosofía del lenguaje y filosofía de la educación; intentó también plasmar en un Estado real su original teoría política, razón por la cual viajó dos veces a Siracusa, Sicilia, con intenciones de poner en práctica allí su proyecto, pero fracasó en ambas ocasiones y logró escapar penosamente y corriendo peligro su vida debido a las persecuciones que sufrió por parte de sus opositores.
[12] Pitágoras de Samos (en griego antiguo Πυθαγόρας) (ca. 569 a. C. – ca. 475 a. C. ) fue un filósofo y matemático griego considerado el primer matemático puro. Contribuyó de manera significativa en el avance de la matemática helénica, la geometría y la aritmética, derivadas particularmente de las relaciones numéricas, y aplicadas por ejemplo a la teoría de pesos y medidas, a la teoría de la música o a la astronomía. Es el fundador de la Hermandad Pitagórica, una sociedad que, si bien era de naturaleza predominantemente religiosa, se interesaba también en medicina, cosmología, filosofía, ética y política, entre otras disciplinas. El pitagorismo formuló principios que influyeron tanto en Platón como en Aristóteles y, de manera más general, en el posterior desarrollo de la matemática y en la filosofía racional en Occidente. No se ha conservado ningún escrito original de Pitágoras. Sus discípulos —los pitagóricos— invariablemente justificaban sus doctrinas citando la autoridad del maestro de forma indiscriminada, por lo que resulta difícil distinguir entre los hallazgos de Pitágoras y los de sus seguidores. Se le atribuye a Pitágoras la teoría de la significación funcional de los números en el mundo objetivo y en la música; otros descubrimientos, como la inconmensurabilidad de la diagonal de un cuadrado de lado mensurable o el teorema de Pitágoras para los triángulos rectángulos, fueron probablemente desarrollados por la escuela pitagórica.

[13] Abū Bakr Muhammad ibn 'Alī ibn 'Arabi (en árabe: أبو بكر محمد بن علي ابن عربي الحطمي) (Murcia, 28 de julio de 1165 – Damasco, 16 de noviembre de 1240 ), más conocido como Ibn Arabi, Abenarabi y Ben Arabi fue un místico sufí, filósofo, poeta, viajero y sabio musulmán andalusí. Sus importantes aportaciones en muchos de los campos de las diferentes ciencias religiosas islámicas le han valido el sobrenombre de Vivificador de la Religión (en árabe: محيي الدين, Muhyi al-Din) y el Más Grande de los Maestros (en árabe: الشيخ الأكبر, as-Sheij al-Akbar).

[14] René Guénon o Abd al-Wâhid Yahyâ (Blois, 15 de noviembre de 1886 - El Cairo, 7 de enero de 1951) fue un matemático, masón, filósofo, y esoterista francés. De profesión matemático, es conocido por sus publicaciones de carácter filosófico espiritual y su esfuerzo en pro de la conservación y divulgación de las tradiciones espirituales. Fue un intelectual que sigue siendo una figura influyente en el dominio de la metafísica. Se le relaciona con Ananda Coomaraswamy, otro gran esoterista del siglo XX. Gran estudioso de las doctrinas y de las religiones orientales, se esforzó por aportar a Occidente una visión no simplista del pensamiento oriental, especialmente de la India y por su defensa de las civilizaciones tradicionales frente a Occidente. En sus escritos, él se propone «exponer directamente algunos aspectos de las doctrinas metafísicas orientales» y de «adaptar estas mismas doctrinas a los lectores occidentales, [...] siendo completamente fiel a su espíritu». Destaca, también, su crítica a la civilización occidental desde presupuestos metafísicos ―y no ideológicos ni políticos―. El estudio de sus libros sobre el hinduismo es indispensable para todas aquellas personas que quieran profundizar en dicha tradición.

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